Para lo que alcance 

La crisis económica impacta en los bolsillos y determina nuevos hábitos de consumo y tipos de bienes que se comercializan. Como la plata no alcanza para grandes compras, aumentan las que se realizan de manera cotidiana en los negocios cercanos y hay un aumento de pagos con tarjetas en supermercados. También se ha modificado la dieta: menos productos frescos, proteicos y más carbohidratos o muy industrializados, menos saludables.

 domingo, 23-septiembre-2018


Por Camilo Ratti

-“Deme 50 pesos de carne molida”, dice la señora al carnicero. Ya no importa el precio del kilo de especial o común. Tiene 50 y debe hacerlos rendir al máximo para la salsa de los fideos. La voracidad de sus hijos adolescentes no entiende de ajustes y tecnicismos financieros.

-“Quiero tres bifes, de algún corte parecido a la nalga o el cuadril, pero más barato”, reclama otro.

“Jamón cuadrado o paleta”, ofrece Pedro, que sufre igual que sus clientes la crisis que atraviesa la economía de millones como él, que ahora le compran más seguido aunque en proporciones más pequeñas.

La escena se repite en la distribuidora de la otra cuadra, ubicada sobre Avenida Bodereau de Villa Rivera Indarte, cuya clientela no distingue de estratos sociales ni niveles salariales. “Antes se llevaban media horma de queso mantecoso y un quilo de rallar. Ni preguntaban el precio. Y, si había, el jamón cocido natural. Hoy me piden el pedacito ese que te quedó y cuál es el jamón más barato”, cuenta con gesto resignado Alejandro, cuya oferta de productos se achicó como su rentabilidad. “Vivo para pagar la luz”, admite quien hace dos meses empezó a abrir también los domingos a la tarde, sacrificando el sagrado horario del descanso familiar, el fútbol rabioso o la escapadita a las sierras.

“Quiero 30 pesos de queso mantecoso y 40 de pan”, solicita la doña, que viene de la verdulería con su módico cargamento: una bolsa de nylon con 3 bananas, 2 manzanas, 4 tomates y unas cuantas zanahorias. El único bulto que no fue ajustado -por ahora-, es la papa, que cotiza como el dólar en tiempos de neoliberalismo explícito.

Mientras el Presidente nos convoca a poner el hombro por enésima vez para alcanzar un paraíso que nunca se traduce al mundo material, la rutina del común de los mortales es un tanto más sufrida, en barrios de clase media o en los más populosos. En la ciudad de Córdoba y a lo largo y ancho de la república ajustada.

cambio de consumos.

Por la crisis se compran menos productos frescos y se reemplazan por alimentos menos saludables.

El barrio siempre estuvo cerca

“En los últimos tiempos se ha profundizado el cambio de hábitos en los consumos de la gente, que deja de hacer la compra del mes o la compra grande en súper e hipermercado, y se han ido acrecentando los formatos de cercanía: el almacén, las verdulerías, carnicerías o pollerías del barrio. También los locales de productos de higiene”, señala a este portal Vanesa Ruiz, gerente del Centro de Almaceneros y Comercios Minoristas de Córdoba.

Salvo para las familias que tienen un ingreso importante y tiempo para organizar una compra al por mayor para bajar costos, lo más frecuente en tiempos de vacas flacas es la comprita cotidiana, cubrir la necesidad del día a día. “Por la crisis ha crecido la frecuencia de las visitas a los comercios cercanos, los clientes están dispuestos a estos hábitos de consumo. Y en las zonas más vulnerables se pide por monto de dinero, no importa el precio del kilo de dicho producto” agrega Ruiz.

A igual conclusión llega Víctor Palpacelli, de la Cámara de Supermercadistas de Córdoba: “Los hábitos vienen cambiando, cada vez más la gente va a las ofertas, porque el poder adquisitivo no alcanza para llenar la alacena ni la heladera. En general, no se hacen compras para 15 días o para el mes, se compra para dos o tres días, adecuado al ingreso”.

Hoy, todo entra en una hoja de cálculo: ir al súper implica 100 de nafta sólo para arrancar el auto, el doble o triple si el destino queda a varios kilómetros de casa. En ese caso hay que sopesar si el gasto de un combustible dolarizado justifica el ahorro en el changuito y el tiempo que eso implica.

realidad en los barrios.

La única salida a la malaria económica es la organización comunitaria como estrategia de supervivencia.

Cóctel explosivo

Según el informe de agosto del Instituto del Trabajo y la Economía (ITE) de la Fundación Germán Abdala, el consumo acumula una baja del 4,7% desde diciembre, con una inflación de agosto que fue récord (3,9%) y que será ampliamente superada por la de septiembre (entre 5 y 6% por la devaluación)

Desde el Centro de Almaceneros confirman esta merma del consumo por el impacto inflacionario: “De enero a agosto hemos tenido un incremento en el precio de los alimentos del 31 % en lo que se refiere a la canasta básica alimentaria. Esto asociado a que ningún salario se ha actualizado de tal forma, se observa completamente el daño de la inflación”, explica Ruiz.

Palpacelli confirma que la luz al final del túnel la ven Macri, Michetti, algún que otro dirigente embriagado de falso optimismo y el batallón de periodistas oficialistas y malintencionados, lo único que hoy sobra en la Argentina: “A nivel de ventas de unidades estamos entre 7 y 9 puntos menos que en igual mes del 2017. El panorama es complicado y el combo explosivo: una estructura de costos y gastos que sube, tarifas que no dejan de aumentar, presión fiscal agobiante y caída de unidades. Una situación muy preocupante”.

La falta de efectivo es otra constante en la era macrista: “La participación de los medios de pago con tarjeta creció un 15% en los últimos 90 días, sobre todo la de crédito, más que la de débito. Y aunque esto implique un mayor endeudamiento para las familias, porque en muchas tarjetas hay un interés, por ahí no quedan alternativas”, reconoce el dirigente supermercadista.

precios cuidados

El gobierno y los supermercadistas volvieron a darle impulso al programa de Precios Cuidados para incentivar el consumo.

Agudizar el ingenio

Valeria Priotti es licenciada en Nutrición y trabaja en el Centro de Salud de barrio Ampliación Ferreyra, el límite sur de la capital de Córdoba. En contacto cotidiano con un sector muy vulnerable, confirma que la gente compra para el día, en el barrio. “Son los lugares donde pueden pedir fiado, porque se conocen”.

Entre las estrategias de supervivencia está también que alguna gente abre un negocito porque tiene un vehículo y puede comprar un cajón de fruta y verdura y hacerse de un ingreso. O se abren kioscos espontáneos, que duran un mes o dos, también una heladera grande para comprar un cajón de pollo y revenderlo”.

Menos saludable

Lo económico no está disociado de la salud. “La crisis impacta fuerte en el tipo de alimentos. Frutas y verduras casi no se ven, los cortes de carne son los más baratos, con mucha grasa y hay muchos alimentos procesados, parecidos al alimento original. Eso tiene impacto en la salud, y no sólo en el sobrepeso o la desnutrición”, explica Priotti.

Palpacelli coincide en que por la crisis la gente descuida los productos o las dietas nutritivas. “En los cortes cárnicos compra lo más barato y se consumen sobremanera los hidratos de carbono, los fideos, porque hacen rendir. Los productos más económicos tienen mayor rotación en los súper”.

comedores populares.

Los comedores comunitarios son una alternativa para los sectores más vulnerables.

La nutricionista lo experimenta a diario en el centro de salud: “La proteína cárnica se reemplaza combinando cereales y legumbres, pero eso requiere una mayor cocción y consume más combustible, que hoy también es caro”. Los lácteos son otro producto que ha caído en el consumo según el Centro de Almaceneros. “El problema es que los lácteos están superprocesados, muy alterado por la industria. Si fueran puros o de buena calidad, no son malos por sí solos”, dice Priotti, y agrega: “No relacionamos la alimentación con la salud. Si nos alimentáramos bien, muchos problemas desaparecerían. A veces ni los mismos médicos lo tienen en cuenta. La nutrición es mucho más que ser gordo o flaco”.

Para sortear la crisis, cuenta que en los últimos dos años volvieron a abrirse comedores y merenderos, “que son una solución comunitaria. Eso modifica los hábitos, porque las familias muchas veces no se juntan a comer, dependen de lo institucional. El almuerzo está cubierto por el Paicor, pero a la tarde o los fines de semana están los merenderos y comedores comunitarios. Hay gente que la está pasando mal y la clave es la organización”.

El año pasado, en plena campaña electoral para las legislativas de octubre, cuando la situación económica y social era mucho menos desesperante que ahora, una importante dirigente política sintetizó el malestar que golpeaba a las grandes mayorías populares: “Nos han desorganizado la vida”, dijo. Y vaya si tenía razón.