“Podrían haberme dejado con mi familia biológica y no lo hicieron”

Días después del anuncio de la restitución de su identidad, Javier Matías Darroux Mijalchuk, el nieto 130, cuenta su historia y los tres años que pasaron entre que supo quiénes eran sus padres y que se hizo público. Su historia tiene muchas incógnitas sin resolver. No fue apropiado: una mujer dijo haberlo encontrado en la calle y terminó siendo adoptado en forma legal.

 miércoles, 26-junio-2019

Javier Matías, el nieto 130, abraza a Estela de Carlotto el día de la conferencia de prensa.


“Ya estoy en casa. Ahora podemos hablar tranquilos”. Con ese mensaje, Javier Matías Darroux Mijalchuk indica puso sus pies en Capilla del Monte –donde vive- y que el torbellino en el que se convirtió su vida tras el anuncio de su restitución de identidad con el número de nieto 130, ya se calmó un poco. “Fueron días muy intensos y con una repercusión mucho mayor a la que esperaba”, relata el hombre, que conoce desde hace tres años que es hijo de desaparecidos.

“La intención de dar a conocer la historia de mis viejos y mía era como un llamado a la población a ver si alguien que los haya conocido se puede acercar y aportar datos porque desde la justicia no hay una resolución”, cuenta Javier. Hasta ahora, si bien no hay nada confirmado, se acercaron personas que fueron compañeros y compañeras de militancia de sus padres y hasta una excompañera de la facultad de la madre para brindar información.

La conferencia de prensa anunciando la recuperación de su identidad se hizo esperar tres años. Tres años en los que Javier Matías –así lo llama su tío Roberto, hermano de su madre- sabía quiénes eran sus padres pero no podía hacerlo público: “Se demoró por la falta de certezas o evidencias concretas que requiere la Justicia. Mi tío hizo la denuncia por desaparición con presunción de fallecimiento y recién se presentó en el ‘99 en Conadep. Por eso la carátula de la causa no es desaparición forzosa”. Sin embargo, ya está confirmado que todas las características coinciden con las formas de secuestro y desaparición del terrorismo de Estado.

Lo que Javier Matías sabe de los días en que fue secuestrado –su mamá no lo parió estando detenida- es que, con su padre preso, él y la madre iban a encontrarse con compañeros de militancia que los iban a sacar del país. “A mí me encontraron en la calle un 27 de diciembre. Cuando me reencontré con mi tío, me dijo que el 26 de diciembre él nos llevó a mí y a mi mamá a ese encuentro programado con amigos de mi viejo que nos iban a sacar del país, cosa que evidentemente no llego a suceder”, detalla.

Una mujer llegó con Javier Matías en brazos a una comisaría de Núñez y dijo haberlo encontrado en la calle. Luego lo llevaron al Hospital de Niños y finalmente a la Casa Cuna, donde se completó el proceso de adopción legal por el que terminó con su familia de crianza. “A mí no me apropiaron. Me podrían haber dejado con mi familia biológica y no lo hicieron”, dice. Y se enoja. Y mastica bronca y dolor.

Admite que, cuando se enteró, “hubo ansiedades que me ganaron”. Pero todavía no podía hacerse público. “Se esperaba que avance la causa en Comodoro Py, para presentarla como generalmente pasa con los otros nietos cuya historia se pudo armar. Al no avanzar la causa, yo tuve la iniciativa de proponer hacerlo público para llegar a la población y abrir una puerta a la posibilidad de reconstruir la verdad”, recuerda.

Javier Matías resalta el trabajo de Abuelas: “Son muy profesionales, se ocupan realmente. Son incansables e infatigables, no solo en cuanto a temas burocráticos, técnicos o legales, sino también desde la contención”. Por último, pidió que quienes tengan dudas se acerquen para averiguar si su identidad no fue robada: “Hay muchas abuelas que están buscando a sus nietos. Esta es una causa colectiva, entre todos tenemos que ayudar a encontrar a los más de 300 nietos que faltan”.