Por el camino de la desigualdad

Los índices de la economía argentina continúan siendo conflictivos. Al aumento de la pobreza, el de la desocupación y la caída del salario, se suma el incremento de la desigualdad entre los que más tienen y los más humildes. Ayer el INDEC dio a conocer el empeoramiento de la distribución de la riqueza en el país durante el segundo trimestre de este año: el 10% más rico concentra el 30,9% y el más pobre sólo el 1,3%. Esto representa que hay hogares que viven con 13.400 pesos, mientras que en el otro extremo gozan de ingresos promedio de 116.000 mil pesos.

 jueves, 26-septiembre-2019

La tortilla no se da vuelta: algunos cada vez más ricos, otros cada vez más pobres en Argentina


Ni pobreza cero, ni “todos juntos” podemos. Muy lejos han quedado las promesas de campaña del presidente Macri, al igual que la distancia entre los que más y los que menos tienen. Ayer se conocieron las tristes y desgarradoras cifras del INDEC referidas a la Evolución de la Distribución el Ingreso durante el segundo trimestre del 2019. Según detalla, se acentuó la brecha de ingresos en el país: el 10% más pobre de la población recibe el 1,3%, mientras que el 10% más rico se queda con el 30,9% del total de los ingresos. Esto se traduce en que existen hogares que viven con salarios – migajas- que rondan entre 7489 y los 13.459 pesos, en contraste con los 116.000 pesos promedio que reciben las familias más adineradas. La inequidad es evidente. El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad social considerando a 0 como igualdad perfecta y 1 como el valor más regresivo, llegó al 0,434 en este período, un indicador que en plena crisis del año 2003 era menor: 0,372. Un viaje express al pasado.

Estos números configuran una dura realidad producto de los resultados de las políticas económicas llevadas adelante por el gobierno de Cambiemos que, pese a la terrible derrota que sufrió en las PASO, continúa pensando en la reelección. En consecuencia, la mala distribución del ingreso impacta en la calidad de vida y la dignidad de los más vulnerables. La Ley de Emergencia Alimentaria, aprobada hace semanas atrás, llega tarde en un país donde una familia tipo necesitó un ingreso de 33.000 pesos para no ser pobre, un monto muy distante de lo que perciben los hogares situados en la base de la pirámide. Aunque, “nobleza obliga”, esos bajos ingresos sí superan “por unos pocos pesos” el nivel de indigencia que rige la Canasta Básica Alimentaria cuyo costo está en 13.258 pesos. No son pobres, sólo casi indigentes.

Del informe también se desprende no sólo la brecha salarial, sino también la desigualdad de género: las mujeres continúan siendo las más pobres dentro de los pobres. Ellas representan el 66% de toda la población que conforman ese 10% de familias con menores ingresos. La feminización de la pobreza a la orden del día. Otro dato a resaltar es que los sectores de la economía que más crecieron respecto del ingreso fueron el sector agropecuario y la producción de combustible relacionada a Vaca Muerta, mientras que los que perdieron fueron el comercio, la industria y la construcción. Todos estos índices van de la mano del incremento del desempleo que alcanzó el 10,6% en agosto, la estrepitosa caída del salario y el aumento de la pobreza que ya supera el 30%. Por si esto fuera poco, la inflación interanual fue de 54% y se prevee que continúe en aumento.