Quemados de ambición

Si bien el uso del fuego siempre fue utilizado para limpiar superficies con cobertura vegetal de manera cuidada y en espacios muy acotados, desde la década del ’80 en adelante los grandes grupos de poder se apropiaron de esa herramienta a escala industrial. El avance de la frontera agrícola-ganadera, la sojización y el intenso proceso de urbanización forman parte de un complejo extractivista desarrollista que no sólo provoca enormes daños ambientales, sino que también contribuye a la emergencia climática y favorece las inundaciones.

 lunes, 24-agosto-2020

Desde hace años, el complejo extractivista desarrollista abusa de los incendios con fines económicos, provocando graves consecuencias ambientales y sociales.


Como si fuera un déjà vu, agosto trae vientos, sequía…y fuego. Alrededor de 14 mil hectáreas fueron afectadas por los incendios forestales durante estas últimas semanas y hoy permanecían activos focos en la zona de Punilla, Traslasierras y el norte de la provincia de Córdoba. Al respecto, Joaquín Deón, geógrafo y miembro de la Coordinadora Ambiental y de DDHH de Sierras Chicas, explicó que los incendios fueron utilizados, históricamente, como una herramienta para limpiar superficies con cobertura vegetal “de manera cuidada y en espacios muy acotados”. Pero que, a lo largo del tiempo, “hubo una apropiación por parte de los de grandes grupos de poder para utilizarla a escala industrial”.

En diálogo con FM La Tribu, el becario de Conicet analizó que esta modalidad se incrementó a partir de la década del ’80 para favorecer el cambio del uso del suelo “en grandes superficies de tierra”. “No fue sólo para la actividad agropecuaria, sino que la extensión de la frontera desplazó hacia las zonas más secas y más serranas a la ganadería y avanzó con la sojización de otras áreas”, aclaró. “En la zona serrana se vivió un intensivo proceso de urbanización, asociado a un uso turístico, a una segunda residencia y a una especulación inmobiliaria abusiva, donde el negocio de construcción de nuevas ciudades y venta de lotes utilizó el fuego como herramienta y lo sigue utilizando”, agregó. “Han llegado a quemarse 500 mil hectáreas en 10 años. Es una cantidad enorme”, precisó.

En ese sentido, el especialista señaló que estos incendios forestales de grandes magnitudes forman parte del impune accionar del “complejo extractivista desarrollista” que existe desde hace años en la provincia y que trae aparejado graves consecuencias ambientales y sociales. “El aporte del fuego y de los incendios acumulados es inmenso en la emergencia climática global: produce calentamiento global, emanación de gases de efecto invernadero, pero al mismo tiempo daña las cuencas favoreciendo las inundaciones”, remarcó. De esta manera, recordó la terrible inundación en San Carlos Minas del año 1992 que provocó la muerte de muchísimas personas, “después de haberse incendiado gran parte de esa cuenca”, y las de Sierras Chicas de febrero del 2015 donde “la acumulación de incendios fue de alrededor de mil hectáreas” hasta antes de esa fecha. “Se quemó todo, menos el área urbana”, sostuvo.

Por otro lado, remarcó que el avance inmobiliario construye un marketing asociado a la idea romántica de vivir en estos entornos naturales, pero “sin mostrarte cómo se destruyó todo ese lugar”. Y si bien rigen restricciones para el cambio del suelo después de un incendio, se permiten otras actividades que van en detrimento del ambiente. “El incendio en Villa Albertina incluye campos que están con pedimentos mineros, ganaderos y carreras de circuitos motocross”, reveló. “Debe emerger de nosotros movilizarnos y ubicarnos en lo político para accionar en contra de esto que nos lleva a un capitaloceno, un sistema que está destruyendo y dejando huellas enormes de escalas geológicas en lo histórico”, concluyó.