Se destapó la olla

En los últimos dos años se cuadruplicó la demanda de atención de casos de violencia familiar en el Polo de la Mujer, con un personal que no alcanza para atender entre 8 y 10 denuncias por día, cuando lo recomendable es la mitad de ese número. En tanto, desde el Fuero de Niñez, Adolescencia, Violencia Familiar y Género, confirman la problemática: de 300 casos en 2017 saltaron a 600 en el año que termina.

 jueves, 27-diciembre-2018


Camilo Ratti

El surgimiento del colectivo Ni Una Menos en junio de 2015 fue un hecho bisagra para incorporar en la agenda pública una problemática tan vieja como la injusticia: la violencia familiar. Que no se reduce a la violencia contra la mujer, aunque son las principales afectadas de una situación que también incluye a niños y niñas del mismo grupo familiar.

El grito desesperado de las mujeres para que dejen de matarlas se multiplicó por la potencia del movimiento feminista, que ha ido logrando que el Estado sume recursos y herramientas para abordar un fenómeno sociocultural que hoy tiene la visibilidad que antes no tenía. Las denuncias mediáticas aportan, y mucho, a correr el velo.

La crisis económica agudiza el cuadro, para nada exclusivo de los sectores más vulnerables de la pirámide social. Las luchas de las organizaciones defensoras de niñas, niños y adolescentes también sumaron lo suyo para avanzar en abordajes institucionales, la única garantía para que los derechos de esta franja de la población no sean un cúmulo de buenas intenciones.

Sin embargo, la estadística es contundente: en los últimos dos años se ha cuadruplicado la denuncia de casos de violencia, con una inversión estatal que sigue siendo insuficiente, a pesar de que la gestión de Claudia Martínez al frente del Polo de la Mujer sumó más personal. Los pedidos de ayuda son tan incesantes, que este verano el horario de atención no se verá reducido, como venía siendo desde que se creó el organismo en el 2015.

Sandra Cáceres es psicóloga, delegada del equipo interdisciplinario en el area de Violencia Familiar, y explicó a este portal que no dan abasto: “Atendemos 120 personas por mes, entre 8 y 10 casos por día, cuando lo recomendable es 4 entrevistas por día. El Polo atiende de 8 a 20 horas, en dos turnos de 6, pero cada entrevista, que generalmente no es individual sino familiar, dura entre una hora y hora y media. Por razones de salud mental, de oxigenarnos entre un caso y otro, deberíamos resolver 4 casos y hoy estamos en el doble”.

La profesional resalta que las mujeres que llegan al Polo a denunciar una situación de violencia reciben un tratamiento integral, enfocado en el grupo familiar. “Realizamos un asesoramiento psicológico, social, económico y legal, además de pensar en recursos para acompañar a las víctimas. Difícilmente todo eso se puede resolver en una hora y media, menos en la primera entrevista. Incluso es común que acompañemos a las mujeres a conseguir un alojamiento, para que no tengan que volver a la casa con quienes las han agredido, y eso te lleva 4 horas”.

faltan recursos para violencia familiar.

Aunque el gobierno provincial aumentó el personal en el área, la cantidad de denuncias supera al personal que puede atenderlas.

A diferencia del equipo que atiende casos contra la Integridad Sexual, en el área de Violencia Familiar sí se incorporaron nuevos profesionales en el último año, aunque con la modalidad de monotributistas. De un total de 120 profesionales, 40 están en esa precaria condición. “Trabajan 6 horas por día en situaciones muy complejas, con un ingreso de 16 mil pesos mensuales. Del anuncio oficial de pase a planta, sólo 30 de las 300 personas que trabajan en el Polo va a ser efectivizadas este 30 de diciembre. Y de esas 30, sólo 11 trabajan en Violencia Familiar”, advierte Cáceres.

Un afuera que escucha

Con años de experiencia en el equipo interdisciplinario que atiende en el Polo, la psicóloga asegura que el surgimiento de Ni Una Menos fue determinante para que las mujeres se animen a denunciar la violencia que sufren en el seno familiar: “Los recursos del Estado en materia de prevención y sensibilización son escasos. Pero las mujeres dijimos basta de femicidios, nos escuchamos, aprendimos la sororidad, ésa es la variable fundamental. El Polo es un espacio donde las mujeres pueden hablar, recibir ayuda, poner en evidencia los atropellos y la violencia que sufren”.

La crisis económica que golpea con crudeza a los sectores más pobres agudiza las situaciones de violencia intrafamiliares. Que el hombre se quede sin trabajo, o que la mujer tenga que ser sostén de familiar, son factores que inciden. “De todas formas, hoy la mujer aprendió a defenderse. Está cambiando la sociedad patriarcal y machista. El feminismo viene haciendo un trabajo de hormiga desde la sanción de la ley nacional de Violencia Familiar en 2006. Hay un reconocimiento de derechos y recursos, que aunque no alcancen para atender una demanda que no para de crecer, ayuda. Las mujeres están aprendiendo otra cosa y también hay nuevas masculinidades”, advierte Cáceres.

La violencia no es una enfermedad

El cambio cultural es irreversible, pero lleva su tiempo. Otra trabajadora del Polo que prefirió su anonimato, explicó a Al Revés que “es usual que las mujeres lleguen con la idea de charlar de lo que les pasa en sus casas, buscando ayudar a los hombres que consideran enfermos. Pero la violencia no es una enfermedad, es producto de un vínculo en el cual se produce un abuso de poder de uno sobre otra u otro, que tiene que ceder”.

Para la ley provincial 9283, que es la herramienta legal con la que trabajan en el Polo, víctimas de violencia familiar son “todas aquellas personas que sufriesen lesiones o malos tratos físicos o psíquicos por parte de algunos de los integrantes del grupo familiar, entendiéndose por tal el surgido del matrimonio, de uniones convivenciales o de relaciones afectivas, sean convivientes o no, persista o haya cesado el vínculo, comprendiendo ascendientes, descendientes, colaterales y afines, como asimismo las mujeres que fueren víctimas de violencia de género producida con la modalidad doméstica con el alcance previsto en el inciso a) del artículo 6º de la Ley Nacional Nº 26.485”.

Diplomada violencia familiar, cuenta que las violencias más comunes son emocionales y físicas. “Es muy usual que las mujeres lleguen señalando que no han sufrido violencia física, pero empiezan a contar la manipulación que viven, la baja autoestima que sienten y la tortura psicológica de la que son blanco. Nosotras le decimos que seo es tan grave como la violencia física”.

El caso Thelma Fardín fue un quiebre también, y no sólo en los casos de violencia sexual. “Hemos recibido casos de mujeres que nos decían que venían por quinta vez al Polo. Y recibimos oficios judiciales que confirmaban que era cierto”, cuenta la delegada.

La necesidad de terminar con la situación de violencia lleva a que muchas mujeres acepten esperar hasta 7 horas en el Polo para hacer su denuncia. Este portal habló con dos mujeres víctimas de violencia y con profesionales que las acompañaron, y confirmaron que esa demora es lo común, porque la demnada de atención supera con creces al personal abocado a asistirlas. Y no por falta de compromiso de quienes las asisten desde este organismo del estado provincial. “Cuidemos a quienes nos cuidan” fue el lema de la convocatoria de la última marcha de las monotributistas que reclaman mejores condiciones laborales.

ni una menos.

El colecivo Ni Una Menos fue clave para empezar a denunciar la violencia familiar.

El doble de casos en la Justicia

Los casos de violencia familiar que pueden conformar un delito se denuncian en las unidades judiciales que están ubicadas en diferentes zonas de la capital, además de la unidad que funciona en el Polo. Esas denuncias llegan a los 7 juzgados especializados de los Tribunales del Fuero de Niñez, Adolescencia y Familia, y las denuncias se concetnran en una mesa de entrada en San Jerónimo 258. Ahí también se receptan denuncias que no conforman un delito.

A los fines de ofrecer asesoramiento legal para las familias que viven situaciones de violencia familiar, en el mismo edificio funcionan 6 asesorías letradas que patrocinan tanto al que denuncia como al denunciado, siempre y cuando el ingreso de éste no supere los 16 mil pesos mensuales. Para quien denuncia no hay límites de ingresos.

“El aumento de los casos de violencia es evidente, el año pasado desde los juzgados nos bajaron 300 casos para patrocinar, y este año fueron 600”, resalta una abogada de dicha repartición, que eligió el anonimato para evitar posibles denuncias de imparcialidad frente a un caso futuro en el que le toque actuar.

Las denuncias pueden ser realizadas por cualquier persona que conozca la situación de violencia de otra, no solo por la o el damnificado, la identidad del denunciante es reservada y existe también la posibilidad de que sean anónimas. Una vez que llega la denuncia al juzgado, se adoptan las medidas de protección, que son medidas cautelares, provisorias y modificables, que duran mientras exista algo que cautelar o cuidar. “El proceso de violencia familar no lleva a una sentencia de fondo para declarar a alguien culpable o inocente”, aclara la fuente consultada.

“Lo que se busca es neutralizar la situación conflictiva a través de medidas que permitan proteger la vida, la integridad física o emocional de la víctima, la libertad y seguridad personal, así como la asistencia económica e integridad patrimonial del grupo familiar”, agrega.

juzgados colapsados de denuncias por violencia.

La justicia tampoco cuenta con los recursos necesarios para abordar una problemática que va saliendo a la luz.

Luego de la adopción de las medidas, la ley prevé la recepción de una audiencia a donde concurren las partes por separado y con patrocinio letrado. “Es la oportunidad de tomar contacto directo y personal del juez con denunciante y denunciado. El Tribunal cuenta con equipos técnicos que realizan el abordaje interdisciplinario de la situación y aportan más elementos de convicción en los casos poco claros. Esos equipos son de fundamental importancia en nuestro trabajo”, explica la abogada que se desempeña en una de las 6 Asesorías Letradas.

Si las medidas no se cumplen, se configura el delito de desobediencia a la autoridad, por lo que en esos casos se pone en conocimiento de la justicia penal para que se investigue el delito, pudiendo generar la privación de la libertad de quien incumple y si hay pruebas suficientes por parte de la fiscalía, que el caso se eleve a juicio. “Lo más frecuente es la conexión con penal y familia”, señala la fuente, y agrega: “Hay muchísimos casos de abuso sexual, sobre todo con niños, niñas y adolescentes, por lo que también trabajamos en conjunto con la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF).

“Como abogadxs, canalizamos las distintas peticiones de las partes y le damos el marco y fundamento jurídico”, afirman desde Asesoría. Sin embargo, la crítica situación de los juzgados por falta de recursos hace que tengan que buscar soluciones que exceden lo legal. “Son prestaciones propias de políticas publicas, como trabajo, cuestiones habitacionales, que obedecen a la esfera administrativa del Polo de la Mujer y que terminamos resolviendo los asesores letrados porque muchos casos son urgentes. Es tan intensa y constante la demanda de soluciones socioeconómicas, que desde el Polo nos pidieron que no les derivemos más casos en el verano, porque no los pueden atender”.