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“Si no se acepta repactar condiciones, la vida social puede volverse inviable”

La tensión entre el poder concentrado y la gestión del estado, las críticas al diálogo incondicional y la crisis inédita que enfrenta el gobierno son algunos de los temas sobre los que reflexiona el antropólogo Alejandro Grimson, miembro del equipo de asesores de Alberto Fernández.

 Miércoles, 15-julio-2020

Según Alejandro Grimson, Alberto Fernández es la persona más dispuesta al diálogo que hay en el gobierno.


La distancia entre pandemia y cuarentena, según Alejandro Grimson, es similar a la que existe entre la tos y el jarabe. “La sociedad está cansada de la cuarentena pero en realidad está cansada de la pandemia. Esto que vemos y hacemos, aislarnos, cuidarnos, no poder ver a nuestros padres y madres, los paisajes de las calles llenas de barbijos, con poca gente, eso es la pandemia, pero es como si no viéramos la pandemia completamente. Hay 73 mil muertos en Brasil, son cifras espeluznantes”, dice en una entrevista con Nada del Otro Mundo y subraya la importancia de sostener el esfuerzo de aislarse.

Miembro del equipo de asesores cercanos de Alberto Fernández, el antropólogo, investigador y ensayista, designado al frente del proyecto Argentina Futuro, reflexiona sobre las tensiones que atraviesan la sociedad y el poder durante la crisis que plantea la pandemia y la heredada del gobierno de Cambiemos. “Las dificultades económicas, la caída de la actividad económica es igual a los países con o sin cuarentena. Lo que cambia es la cantidad de muertos. Hay que tener en cuenta esto y entenderlo para no enojarse con el jarabe y la aspirina, con el esfuerzo que es muy grande. En países donde el gobierno no impuso la cuarentena, la gente la hizo voluntariamente”, dice sobre las quejas cada vez más potentes en contra del aislamiento social preventivo. “Hay una pregunta que se abre siempre en momentos de crisis profundas como en el 2001 o en la posguerra. Esta es una crisis global y hay que ver hasta qué punto los sectores concentrados del poder van a estar dispuestos a entender que si no aceptan a repactar las condiciones de la vida social, la vida social puede volverse inviable”, agrega.

En esa dirección, Grimson apunta la experiencia regional sobre las crisis institucionales y distingue entre avances y retrocesos de los proyectos políticos que plantearon antagonismos con los mandatos neoliberales. “Después de las diversas crisis que hubo en América Latina con el neoliberalismo, durante varios años sectores del poder tuvieron que aceptar que los gobiernos fueran en direcciones redistributivas que ellos no tenían en la agenda. Eso no ocurrió solo en América Latina, sino en muchos lugares y contextos. La tensión con el poder siempre está porque hubo derrotas de esos proyectos transformadores, con golpes de estado o con derrotas electorales es un tema de larga discusión y hay que analizar en profundidad. Son procesos muy complejos y largos, experiencias históricas muy valiosas”, explica.

En el análisis, el antropólogo propone una lectura inversa a la que atribuye a las leyes de mercado la potencia prevaleciente. “Si la confrontación con el poder está siempre, ¿por qué Lula gobernó ocho años, pudo desplegar su programa de gobierno, pudo meter 40 millones de personas que no tenían para comer las metió en el mercado de consumo con derechos? Si el poder fuera total, Lula no podría haber hecho eso, Cristina no podría haber estatizado las AFJP ni YPF. Si el poder es tan omnímodo ¿por qué se pudieron hacer transformaciones reales en América Latina? La gran pregunta de esta etapa no es si queremos hacer las transformaciones, porque es obvio, no es si existe la posibilidad de realizarlas, la pregunta es cómo se le da sustentabilidad política en el tiempo a ese proceso en sociedades complejas, donde planteás medidas redistributivas y tenés un ataque virulento de sectores recalcitrantes, irracionales, dispuestos a mentir en los medios de comunicación, y por el otro lado tenés una pandemia global, una situación crítica económica que heredaste del gobierno anterior y tenés compañeros que te piden que no dialogues con ciertos sectores del poder económico”.

En ese punto, Grimson se refiere al reciente cruce de cartas abiertas entre el presidente y Hebe de Bonafini en relación a los participantes del acto del 9 de Julio. “El presidente va a dialogar con todos los sectores porque hay que buscar todos los acuerdos que sean posibles”, dice. “Cuando tenés un gobierno con el 90% de apoyo solo puede bajar. Ningún ser humano acierta todos los días en todo el 100%. Las madres le mandaron esta carta porque no les gustó un acto que se organizó y el presidente respondió esa carta, explicando que él como presidente tiene una obligación de reunirse con todos los que tengan responsabilidad política y de organización económica, social, sindical. Se reunió con la oposición, Juntos por el Cambio pidió hacerlo a solas, el presidente accedió. Una persona con más vocación de diálogo que Alberto Fernández, olvidate. Las madres respondieron a la carta y dijeron que la respuesta las reconfortaba. Agradecieron la explicación. Hay que leer esa situación, a veces puede haber dudas y diferencias, porque es un frente diverso”.

La definición del dialoguismo es, para el antropólogo, un rasgo central de la gestión. “Hay que entender que es un presidente con convicciones muy fuertes, es una persona de diálogo, con fuertes convicciones. Eso es algo muy raro en la Argentina”.