Sí se puede, estación Córdoba

Juntos por el Cambio cerró su campaña en Córdoba. Miguel Pichetto dijo que Cristina “humilló a Córdoba” y que Alberto Fernández “vino a apretar al gobernador”. Macri celebró la movilización de “una enorme mayoría que durante muchos años estuvimos en silencio, hasta con miedo y mirando de lejos la política”.

 viernes, 25-octubre-2019

Macri se mostró en el mismo tono que en el resto de la campaña, como si fuera un pai. Vacío de contenido y lleno de eslógans.


Macri no arriesgó: el cierre de la campaña donde buscará el milagro casi imposible de llegar a la segunda vuelta fue en uno de los dos distritos que se pintó de amarillo en las últimas PASO. Alrededor del escenario montado frente al Patio Olmos, miles de personas acompañaron el último discurso presidencial antes de la elección que podría ser la definitiva.

Si bien la marcha fue multitudinaria, estuvo muy lejos de las 50 mil personas que esperaba el oficialismo. Una masa compacta de gente rodeaba el escenario, desde el Patio Olmos hasta la Casa Radical y la Plaza Vélez Sarsfield, pero solo se extendía una cuadra por Hipólito Yrigoyen hacia Nueva Córdoba y una cuadra por Vélez Sarsfield hacia el centro (mucho menos que una marcha del 24 de marzo, por ejemplo, que culmina en ese mismo lugar).

Los discursos precedentes a los de Macri y Pichetto apuntaron a convencer de que la elección se puede dar vuelta. Esa fue la arenga de Mario Negri y de Luis Juez, que apeló a su mejor virtud –el humor- para graficarlo: “Para que gane el gato –en referencia a Macri-, hasta el perro tiene que votar”.

Luego, Miguel Pichetto –notoriamente incómodo en el traje de candidato- apeló a inflamar el antikirchnerismo cordobesista: “No queremos volver a humillar a Córdoba como lo ha hecho la candidata a vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que abandonó a Córdoba en momentos difíciles. Nunca vino a dar la cara como candidata a vicepresidenta, a hacer una conferencia de prensa, a disculparse con el gobierno de Córdoba”. Y luego continuó con una referencia a Alberto Fernández al decir que “vino a apretar al gobernador, y Córdoba no se arrodilla ante nadie”.



El senador también volvió a ser la encarnadura de la derechización abierta del macrismo. Dijo que el 27 de octubre “están en juego las libertades públicas y la división de poderes”. Deslizó que el kirchnerismo quiere reformar la Constitución “para dominar el Poder Judicial” y cargó contra los sectores populares: “No queremos la patria de Grabois. No queremos la reforma agraria. No queremos que se ocupen los inmuebles urbanos desocupados”.

El cierre estuvo a cargo de Macri, en otro discurso vacío de contenido y lleno de consignas de autoayuda. Insistió con que la elección puede darse vuelta y dio por hecho que habrá ballotage: “Esto no termina hoy acá. Tenemos una parada más, que es el 27 de octubre y el 24 de noviembre (día de la segunda vuelta)”.

“Somos una enorme mayoría que durante muchos años estuvimos en silencio, hasta con miedo, mirando la política desde lejos, como diciendo ‘no me voy a meter porque igual las cosas no tienen arreglo’. Eso fue un enorme error, dejamos sin querer un espacio vacío”, dijo Macri. Y ese vació, según su teoría, fue llenado por un kirchnerismo corrupto. Por último, ya en ‘modo pastor’, pidió que la multitud le cantara el “Feliz cumpleaños” a Pichetto –cumplía 69 años- y que levantaran los celulares prendidos.

Macri buscó autoconvencerse de que puede revertir el resultado de las PASO. Y para eso, nada mejor que el canto de sirenas con tonada cordobesa que tan bien le sienta. Sin embargo, el baño de masas parece haber llegado demasiado tarde para auxiliarlo.