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Siempre restando

En una saga que lo ubica como el más irresponsable de los presidentes latinoamericanos frente a la prevención y lucha contra la pandemia, Jair Bolsonaro resolvió lo mejor para las empresas y lo peor para el pueblo: autorizó la suspensión de contratos de trabajo por cuatro meses. La medida contrasta con la necedad del mandatario que aún no declaró la cuarentena obligatoria en el país. Ya se contabilizaron 25 muertes y el crecimiento de los infectados es similar al que registra Italia, el país más complicado por la pandemia.

 Lunes, 23-marzo-2020

Mientras la mayoría de los países del mundo recurren a medidas populistas para enfrentar la crisis desatada por el coronavirus, Jair Bolsonaro propone la retirada del Estado en detrimento de la salud y los derechos del pueblo trabajador


Brasil, lamentablemente, ya registra 25 muertes por coronavirus y 1.546 casos. En comparación con nuestro país en donde hubo 4 muertes y la cantidad de infectados asciende a 266 hasta la fecha, el país “mais grande do mondo” parece ser víctima de un gobierno que privilegia sólo los intereses económicos de las grandes empresas y está expuesto a las estrategias mediáticas de su presidente. Hoy se conoció que Bolsonaro habilitó a las patronales, mediante un decreto provisorio, para que no les paguen el salario a sus trabajadores durante cuatro meses, puedan anticipar vacaciones y la negociación quede supeditada a la relación entre empleador – empleado, perdiendo fuerza los convenios colectivos de trabajo. Además, cesarán las obligaciones de las empresas relativas a la salubridad de sus trabajadores.

“Es mejor que ser despedido”, afirmó el mandatario brasilero que hace caso omiso a los casi 12 millones de desocupados y 48 millones de trabajadores informales que tiene Brasil. Según malentiende, el decreto clasista y anti-derecho, permitiría “preservar el empleo” y advirtió que no hay que tener miedo “porque el pánico es peor que la enfermedad”. La medida estará en vigencia durante 60 días y quedará sujeto a confirmación o rechazo del Congreso. “Es un crimen contra el pueblo trabajador. La Justicia y/o el Congreso deben impedir esa barbaridad”, twitteó la ex presidenta Dilma Rousseff. “Es la perversidad del neoliberalismo en estado puro”, aseguró en su cuenta oficial y lo contrastó con las adecuadas medidas populistas que están tomando el resto de los países frente a la emergencia sanitaria.

A partir de la aparición del COVID-19 que despertó un alerta mundial que desde hace años no se conocía, el mandatario brasilero subestimó la pandemia al considerarla “una fantasía”, se mostró al aire libre en actos públicos y en contacto físico con sus seguidores y hasta provocó a su propia población anunciando que iban a celebrar el cumpleaños de él y de su esposa en un festejo que duraría “dos días”. No decretó aún el aislamiento preventivo ni obligatorio en el país y, como si fuera poco, proyectó el calificativo de “lunático” al gobernador de San Pablo, Joao Doria, por establecer el aislamiento en su región. Bolsonaro lo consideró “oportunista” y, además, dijo que la medida atentaba contra la salud de los paulistas porque “podía bajar la inmunidad” de las personas y llevarla a la “depresión”.

Recogió la soga

A pocas horas de que había anunciado la suspensión de los contratos por cuatro meses, Jair Bolsonaro compartió en su cuenta de Twitter la nueva decisión: “Determiné la revocación del artículo 18 del MP 927 que permitía la suspensión del contrato de trabajo por hasta 4 meses sin salario”, escribió hoy pasado el mediodía. La medida había generado fuertes críticas al mandatario brasilero, sobre quien pesa el calificativo del más “ineficiente” del mundo en el combate contra la pandemia según diagnosticó la consultora norteamericana Eurasia Group. El ultraderechista tiene tan solo un 36% de imagen positiva, además de que en distintas capitales del país están pidiendo su renuncia o el famoso “Impeachment” que el militar votó positivamente contra la ex presidenta Dilma Rousseff.