Sin lugar para los débiles

El coronavirus aterrizó en Latinoamérica de la mano de las clases acomodadas, pero se ensañó con los sectores más vulnerables. La histórica pobreza del sur respecto del norte, la alta densidad poblacional en los barrios populares, el difícil acceso a la salud y la existencia de un 60% de trabajo informal conforman el talón de Aquiles de la región que hoy es el foco de la pandemia.

 lunes, 3-agosto-2020

La pandemia reflotó las desigualdades sociales en América Latina- Imagen de Natacha Pisarenko.


A pesar de que muchos presidentes y gobernantes de América Latina destacaron como aspecto positivo haber contado con “el diario del lunes” frente a la pandemia, la llegada y expansión del coronavirus en la región provocó una “normalidad” totalmente distinta a la que generó en Europa. Llegado de la mano de las clases mejor posicionadas económicamente que regresaban del viejo continente, el virus se esparció rápidamente entre los sectores más vulnerables que residen en las grandes ciudades, cuyas realidades distan bastante de lo que sucede del otro lado del océano.

La existencia de barrios populares y villas miserias; la alta densidad poblacional y el consecuente hacinamiento; y la escasez de infraestructura para garantizar el agua potable y los servicios básicos son factores que contribuyeron a la expansión de la pandemia entre los más humildes. Además de no poder cumplir con el distanciamiento social y las medidas sanitarias aconsejadas por los especialistas, las clases bajas tampoco pudieron respetar rigurosamente la cuarentena – flexible o estricta, dependiendo de la ciudad – debido a que se vieron obligados a rebuscársela para continuar trabajando y así conseguir ingresos para su subsistencia.

Según un informe del Banco Mundial del año pasado, 6 de cada 10 personas tienen trabajo informal en Latinoamérica. Sumado a esto, se calcula que un 30% de la población no tiene acceso a la atención de salud por motivos económicos, de acuerdo a datos de la Organización Panamericana de la Salud. De esta manera, la alta densidad poblacional en la Ciudad de México y en Sao Paulo, la situación de vulnerabilidad de los estratos sociales más bajos de Bogotá, y/o la histórica pobreza del sur respecto del norte en la ciudad de Buenos Aires, evidencian la desigualdad que sufre la región y que – coronavirus de por medio – arremete sin piedad contra los más débiles del sistema.

Por acción u omisión, algunos presidentes – como Jair Bolsonaro – demostraron muy poco interés en evitar que operara este mecanismo de “supervivencia del más fuerte” y sólo se dedicaron a provocar con sus declaraciones. “El brasileño tiene que ser estudiado, no se contagia de nada. Lo pueden ver bucear en una alcantarilla y nunca le pasa nada”, sostuvo. El vecino país ya acumula más de 94 mil muertes y más de 2 millones de infectados por Covid-19.