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Síndrome de Estocolmo

A pesar de las quejas por la apertura importadora, los tarifazos, la presión fiscal y la dificultad de financiamiento con fines productivos, la conducción de la Unión Industrial se reunió con el gobierno y no hubo avances concretos sobre la dura realidad que vive este sector de la economía.

 Lunes, 12-marzo-2018

Los CEOS de la industria cara a cara con los CEOS del gobierno nacional.


Después de mucho pataleo, cuestionamientos y chicanas mediáticas entre los popes de la UIA y el gobierno –con Macri bancando a su ministro de la Producción en público-, los CEOS de la industria argentina se reunieron con Marcos Peña y el mencionado Francisco Cabrera, y volvieron a ratificar su alianza con una gestión que en 25 meses no hizo más que despreciar el camino de industrialización que se había retomado en 2003.

Miguel Acevedo, titular de la UIA, junto a los vicepresidentes Daniel Funes de Rioja (alimentación) y Luis Betnaza (hombre de Techint) acordaron profundizar el diálogo en “mesas sectoriales”, con el objetivo de “mejorar la competitividad” y ganar “mercados internacionales”.

En una economía mundial en la que Estados Unidos y Europa se cierran con políticas proteccionistas –tanto en el sector agrícola como industrial-, el Ejecutivo se comprometió a “canalizar los reclamos” sin cerrar las fronteras a los productos importados que han generado caída de empleos y achicamiento del mercado interno.

“Hablamos de competitividad, no del nivel del tipo de cambio”, dijo Funes de Rioja, quien valoró positivamente la reunión. En la conferencia de prensa posterior, Cabrera relató que se trató de “una charla larga, franca y abierta”. Hubo muchas coincidencias para trabajar juntos, para mirar hacia el futuro. La verdad es que no había un problema. La idea es profundizar los acuerdos sectoriales”.

Un análisis muy distinto al que en privado habían hecho los popes de las principales empresas argentinas, donde habían criticado el crecimiento de las importaciones, la baja del consumo, la suba de tarifas, la persistencia de los cortes de luz y el acuerdo de libre comercio del Mercosur con la Unión Europea. “Tenemos el mundo en casa”, había dicho el propio Acevedo días antes, a lo que Cabrera había respondido con que “los empresarios deben dejar de llorar y ponerse a invertir y a competir”.

Contradicciones ideológicos de una dirigencia industrial históricamente miope, que nunca entendió que sin un mercado interno fuerte y salarios altos de los trabajadores, no hay desarrollo industrial posible. Mucho menos cuando las potencias económicas cuidan lo propio.