Miguel A. Ferreras

Ingeniero ex Profesor Asoc. U.N.C.

columnista alreves.net.ar

Un lugar en el mundo

“Un lugar en el mundo”, nombre de una película que llegó al corazón de muchos argentinos que pasaron por dolorosas circunstancias en exilios e insilios, es también un modo de aludir a la noción de patria. En las próximas elecciones optaremos por el tipo de lugar en el mundo que deseamos.

Estos lugares son mucho más que aquellas frías coordenadas a las que nos puede conducir un G.P.S. con su española voz, – de castellano impuesto por la fuerza homogeneizadora de un Estado – que cuando nos equivocamos, o perdemos, nos propone “recalcular”.

Un lugar no es un espacio

Un lugar en el mundo sería la resultante en el tiempo de la condensación de reiterados momentos de encuentro. Condensación de percepciones y emociones compartidas, de vínculos conformados en el tiempo en una comunidad.

En este sentido en un mismo espacio físico, en una misma ciudad por caso, pueden cohabitar muy diversos lugares; y un mismo lugar, puede estar esparcido en muy diversos espacios.

Un lugar en el mundo entonces no es una ubicación espacial, sino una red de vínculos entre seres vivos y con el ambiente en que habitan, por eso su ubicación desorientaría al más inteligente G.P.S

Elegir un lugar o elegir un patrón

Podemos pensar a las próximas elecciones como la selección de un lugar para la vida democrática. Con esta perspectiva aparecen dos grandes opciones que pueden luego ramificarse.

Un lugar en el que los momentos compartidos fueran de construcción cooperativa, organizada y participativa, en el que cada participante se sintiera contenido, con protagonismo y reconocido en sus derechos. Un lugar en el que se construya desde y a partir de las diferencias. Tiene componentes de lo que llamamos patria y suele estar enraizado en un determinado territorio, un paisaje del que forman parte sus habitantes y que se conforma desde la mirada de estos.

Otro lugar sería aquel en que los momentos compartidos fueran los de una construcción regida por manuales, realizados por unos pocos elegidos, y dirigida por patrones con la promesa de obtener parte de los logros a futuro, y de acuerdo al mérito que cada uno acredite ante el que manda.

Este otro lugar tiene muchos componentes de una empresa productiva capitalista regida sólo por la eficacia para aumentar las ganancias, que luego se escamotean a la hora de pagar sus costos sociales y ambientales. En este caso el territorio es un recurso que puede ser vendido según conveniencia, y apropiado por los que más ganancias acumulan. El territorio es un objeto más del mercado, no el sustento de una identidad y de la comunicación con la tierra. El paisaje una mercadería más para el mercado del turismo.

Situados ó sitiados

La opción es entonces situarnos en un lugar en el mundo que resulte de una construcción entre y con todes, recurriendo a la creatividad del pueblo organizado, ó resignarnos a seguir sitiados por intereses concentradores del poder financiero y de las corporaciones transnacionales. Aceptar el sitio sería negar los mandatos de los héroes de la liberación latinoamericana.

Como en la distinción entre tecnologías situadas y sitiadoras, ver Tecnologias, elecciones y comunicación, el estar situado no es cuestión de coordenadas sino de modos de construcción de vínculos en una situación. Por eso cuando se habla de volver, como en volver a recuperar la dignidad de un pueblo, volver para ser millones, y volver para ser mejores, se ha de entender que se vuelve para recuperar un lugar en el mundo.