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Grego Tatián

Periodista

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Una Cindor, seis facturas, cinco puñaladas

Lucía Perez, la adolescente de 16 cuyo femicidio conmovió y movilizó a un país.

El fallo de Lucía Pérez hizo mucho ruido esta semana. La opinión pública se había quedado con la imagen de la muerte por empalamiento que había dado a publicidad en un primer momento la fiscal María Isabel Sánchez. Dos de los imputados fueron absueltos por el delito sexual y condenados a ocho años de prisión por venta de drogas. Si bien las pericias del caso dictaminaron que no hubo empalamiento, los jueces manejaron una serie de prejuicios muy llamativos a la hora de juzgar el caso, desconociendo totalmente los alcances de la figura del abuso y siendo indiferentes al problema de las relaciones de poder.

En el fallo, los jueces Carnevale –quien llevó la voz cantante-, Gómez Urso y Viñas avalaron el argumento de la defensora, Dra. Laura Solari, de que “la intención de la pareja era pasar un buen momento juntos y que son incompatibles con la idea de una violación”. Para sostener esto se valieron de un detalle increíble. El imputado Farías “compró facturas y una Cindor para compartir con Lucía en su domicilio. Es evidente que estas actitudes no son las asumidas habitualmente por las personas con intención de cometer un hecho tan aberrante como por el que resulta acusado”. Además, remarcaron que Lucía no quiso que esa tarde su hermano la acompañara. Ergo, siempre según los prejuicios de los magistrados, ya iba con la idea de tener sexo con Farías, quien no podría haberla violado jamás luego de agasajarla con chocolatada y facturas.

Los jueces se valieron de una caracterización de Lucía como una joven con “personalidad fuerte” para señalar la imposibilidad de ubicarla como víctima.

El tribunal tuvo en cuenta el argumento de la defensoría de que Lucía “tenía relaciones con todos aquellos que le gustaban” y que “no tenía una gran situación de dependencia y no estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para consumir drogas”. Incluso más, para los jueces fue válido el razonamiento de la Dra. Solari cuando dijo que “Lucía era de tener relaciones con hombres a los que apenas conocía” y que una vez le mandó un mensaje a un chico en el que decía “es que vos tenés 17 y yo he estado con chabones de 29, 28, 26, 23, 21”. Según los jueces, una mujer que vive con libertad su vida sexual y que tiene experiencias con hombres más grandes quedaría inmune de ser violada o abusada.

Es más: el texto apunta que “de los chats analizados surge claramente que sus vivencias en ese sentido alejan por completo la posibilidad de que hubiera sido sometida sin su voluntad”.

“Le iba bien en la escuela y la familia no la veía para nada mal, sociable, arreglada, con proyecto”, señala el fallo. Parece ser el reverso del caso Melina Romero –la “fanática de los boliches”, según Clarín-: Lucía no encajaba en el perfil de víctima que anida en la cabeza de los tres jueces. Lo llamativo es que tanto en el caso de Melina como en el de Lucía, ambos argumentos –aparentemente contrarios- se utilizaron para desacreditar la posibilidad de un delito sexual.

“No existió ninguna situación de dominio, Lucía sólo tenía la situación de vulnerabilidad propia de una adolescente y la diferencia de sólo 7 años entre ellos no coloca a Farías en una situación de superioridad, más aún con la historia vital de este último”, destaca el fallo. O sea: se tuvieron más en cuenta detalles de la vida pasada de Farías que el hecho de que se trate de un vendedor de drogas con una menor de edad que las consumía, como si esto no generara una situación de debilidad o desigualdad por parte de Lucía.

Los funcionarios judiciales, también reprobados

Los jueces apuntaron contra la fiscal Sánchez, señalando críticas por el hecho de que “un hecho que suponía tamaña gravedad sólo haya sido manejado por teléfono, sin constituirse en el lugar de los hechos”. También criticaron a la Dra. Carrizo –encargada de la autopsia en primera instancia- y al técnico eviscerador Badami, por las imprecisiones y falta de rigor científico de su trabajo. Estos peritos no enviaron la cantidad de muestras suficientes para hacer mediciones tan importantes como la cantidad y horario de comienzo del consumo de sustancias tóxicas. Tampoco midieron la dilatación anal para determinar si la penetración había surgido de una relación consentida o no. Además, hablaron de cuestiones tan subjetivas como el “olor a sexo”, lo cual dejó a la investigación sin algunos datos clave. Estos funcionarios judiciales, tampoco estuvieron a la altura.

“Te vas a acordar de mí”

La Justicia chubutense condenó a Brian Petrillán por intento de femicidio a la pena de 12 años de prisión. Había apuñalado a su exmujer Erika Gallego cinco veces en presencia de sus hijos. Sin embargo, pocas horas después del fallo de Lucía, el Superior Tribunal de Justicia de Chubut cambió la carátula por “lesiones graves agravadas por ser ocasionadas en un contexto de violencia de género”, con una reducción de pena (que iría de 3 a 10 años de prisión).

¿Por qué? Porque si bien Petrillán dirigió las puñaladas a las piernas -y no en la parte superior de su cuerpo-, en el fragor del ataque le dijo una frase que los jueces tuvieron en cuenta: “Te vas a acordar de mí”. Esa referencia al futuro recuerdo del ataque que estaba perpetrando, fue para el tribunal una prueba que, sumada a que las puñaladas fueron a las piernas, evidencian que Petrillán no quiso matarla, aún habiéndola apuñalado cinco veces, lo cual puso en riesgo su vida ya que le cortó la vena femoral y la arteria femoral de su pierna izquierda, llegando esa herida hasta el fémur de Erika.