“Usamos diez paquetes de harina y necesitaríamos el doble”

El 40,7% de pobreza en el Gran Córdoba se refleja en la desesperación y la impotencia de muchas personas que ya no saben qué hacer para llevar un plato de comida a sus familias. Con mucho esfuerzo, los comedores y merenderos populares duplicaron las raciones pero, aun así, muchas veces no es suficiente.

 Viernes, 16-octubre-2020

Los merenderos y comedores comunitarios vienen realizando un esfuerzo enorme para que a ninguna familia les falte alimento desde el inicio de la pandemia.


La urgencia del hambre golpea a los argentinos desde el año pasado. Con la pandemia, los tristes indicadores ascendieron rápidamente a pesar de los esfuerzos estatales de paliar las consecuencias. El 40,7% de pobreza y el 19% de desempleo que padece el Gran Córdoba se reflejan, lamentablemente, en la desesperación y la impotencia que viven muchas personas que ya no saben cómo hacer para llevar un plato de comida a la mesa. “La pandemia fue el gran detonante de las desigualdades”, afirmó Silvia Quevedo, referente de Barrios de Pie. Según relató a Al Revés, la demanda de alimentos creció de manera exponencial en los sectores populares, sumado a que, quienes vivían de la changa y podían tener su trabajo diario, hoy no lo tienen.

De los 60 comedores y merenderos que tiene la organización en la Ciudad de Córdoba, en la mayoría persiste un enorme esfuerzo para satisfacer el hambre tanto de niñes como de adultes. “Antes de la pandemia, entregábamos alrededor de 150 porciones sólo a niñes. Ahora, damos 300 porciones para todos”, cuenta Ximena Sotomayor, coordinadora de Les Pitufines de Renó. El guiso de arroz y fideos es uno de los opciones más baratas y nutritivas que encontraron para optimizar los recursos que llegan, muchas veces, con demora. “Nos piden que anotemos a más personas. Nosotras tratamos de que alcance”, explica.

Para la Copa de Leche es otra historia. “Usamos 10 paquetes de harina y necesitaríamos el doble”, lamenta quien está al frente del merendero de barrio Renó, un ex asentamiento. “Antes repartíamos a cada niño, mate cocido con dos donas. Ahora damos una sola”, afirma. A pesar de que existen 4 merenderos más en el barrio, la pena oprime el corazón cuando las raciones no son suficientes. “En el transcurso de la pandemia, nos quedamos ‘cortas’ unas cinco veces. Alrededor de 20, 30 personas se quedaron sin su plato”, asegura.

Además de luchar contra el hambre de les vecines, batallan con el coronavirus. “Tuvimos 4 compañeras contagiadas, tomamos las medidas necesarias y continuamos entregando mercadería”, indica Ximena. Para Silvia Quevedo, el rol de los movimientos populares ha sido “casi esencial” en lo que respecta a la asistencia alimentaria y sanitaria. “Hay que asumir la valentía y el coraje de las mujeres que están en la primera línea, en los merenderos y comedores. Muchas tienen asma o diabetes, pero se quedaron ahí, corriendo riesgo su propia vida”, valoró la referente de Barrios de Pie.