Veranito sensación

El gobierno diseñó un plan para llegar a las elecciones en pleno pico de sensación de recuperación económica. ¿Las principal variables? El dólar planchado en base a destrucción de reservas, maniobra que habilitó el FMI, y postergación de medidas impopulares. La destrucción del año pasado deja una base de comparación muy baja, que da lugar a datos ‘positivos’.

 lunes, 22-julio-2019

Macri propone festejar una inflación del 2,7 %, el dólar planchado en base a dólares del FMI e instala el 'veranito'.


La Argentina sigue verde. El dólar sigue siendo, en la cabeza de muchos argentinos y argentinas, la variable central para medir el rumbo económico y, si bien es una variable importantísima, no tiene la determinación que tiene en la mirada de la opinión pública sobre la marcha económica. El macrismo busca instalar la idea de que hay que festejar el 2,7 % de inflación (un porcentaje aún altísimo), las pizarras en calma (de forma artificial) y que un verano económico llegó para quedarse.

Desde mayo, el Gobierno logró planchar el dólar quemando reservas –o sea, los dólares del FMI- y mantiene sofocada la cotización. En estos dos meses, la satisfacción con la política económica se duplicó, según la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública realizada por la Universidad de San Andrés y fue, junto con la política exterior (a partir del acuerdo con la Unión Europea), los aspectos que más mejoraron de la evaluación de gestión. La desaprobación de gestión bajó de casi 70 % a 63 % y la aprobación, que estaba por debajo del 30 %, subió al 33 %.

Por su parte, hubo un repunte de la satisfacción con cómo marchan las cosas en el país coincidente con la calma del dólar. En la clase media, que tiene una línea evolutiva más estable y sin tantos picos, pasó de 19 % en mayo a 32 % en julio. En el segmento ABC1, la caída había llevado a un derrumbe de la satisfacción hasta 17 % en mayo, que repuntó a 40 % en julio. En la clase baja, la recuperación fue más tibia: era de 10 % en mayo y subió a 18 %.

Además, dos datos son reveladores de que estas mejoras en las percepciones tienen que ver con la economía. En marzo de este año, el 55 % de los encuestados ponían a la inflación como principal preocupación, muy por encima del resto. En julio, ese porcentaje cayó a 37 %, apenas por encima de desempleo (que creció al 35 % por el aumento de la desocupación) y la inseguridad (31 %). El otro dato es el pronóstico de la situación económica para dentro de un año. En agosto de 2018, el 46 % esperaba que la economía empeorara en los siguientes doce meses, mientras que solo el 26 % confiaba en una mejoría. Hoy, un 22 % piensa que va a empeorar y un 29 % que mejorará. La caída de la desconfianza es palpable.

La gran pregunta es si al macrismo le alcanzará el tiempo para instalar la idea de que una recuperación decidida está en marcha y si podrá sostener las variables centrales quietas hasta octubre. En el medio, las PASO pueden generarle turbulencias y los dólares del FMI no son eternos. En esta cornisa por la que camina la economía argentina puede estar uno de los puntos centrales del resultado electoral.