Vidala para Raquel y su palacio lleno de oro

En la villa El Chaparral, al lado de Villa Urquiza, una mujer cocina con lo que tiene y lo que le dan para los que se acerquen a buscar la comida. Como tantas mujeres en los barrios más pobres del país, la Nona Raquel le pone el cuerpo al exceso de la necesidad y dice que haciéndolo encuentra un tesoro. Mirá el corto documental que muestra la intimidad de una historia de amor.

 jueves, 2-julio-2020

La nona Raquel pide ayuda para los chicos de Villa El Chaparral, en la zona sur de la ciudad y vecina de Villa Urquiza, donde hubo un brote de Covid-19 hace pocos días.


Por Celina Alberto

Una mujer detrás de un mundo borroso, mirándole la belleza en medio de todas las urgencias. La Nona Raquel vive y cocina en la villa El Chaparral, donde más de 300 familias habitan la pobreza y formas de la vulnerabilidad que tocan todos los extremos. Ahí, desde hace años, ella prepara almuerzos, meriendas y cenas con lo que tenga en su heladera o consiga de donaciones para darle de comer sobre todo a los chicos.

“Me siento rica con ver las caritas felices. Me siento millonaria, como si tuviera un palacio lleno de oro. Es como un bálsamo que me llena el alma. Veo mucha gente que necesita. Muchos me miran como bicho raro porque dicen que mangueo en todas partes y no mangueo para mí. Yo no necesito nada, con lo que tengo me basta y me sobra”, dice Raquel en el corto documental que filmaron Mariano Salinas y Franco Colamarino que entra en la intimidad conmovedora de su comedor sin puertas, sin piso, siempre lleno de chicos y ollas.

“Me siento orgullosa de hacer lo que hago”, dice, 73 años, pura sonrisa y ganas, y pide guardapolvos, cuadernos, útiles para que los chicos sigan estudiando en medio de la pandemia. “Cuando la conocimos se nos ocurrió contar su historia, es una vieja potente, activa, que va al frente, que mira todo muy positivo y cuando uno la ve piensa en la edad que tiene uno, en los recursos que tenemos tanto humanos como materiales”, dice Salinas y agrega que mientras hacían el documental empezó la cuarentena y la urgencia de hacer visible su historia. “Es de alguna forma un mensaje íntimo y con mucho amor nuestro para ella. La idea era también sacarla rápido a la historia porque lo están necesitando, les falta de todo y mucha gente está ayudando con cosas para que ella pueda seguir cocinando”, cuenta.

“Raquel es una persona que te enamora, te imanta, hace que toda la atención se concentre sobre ella desde el momento en que la conocés”, dice Colamarino. “Tiene ese carisma, esa vocación de líder, esa virtud de anfitriona que si uno pone el pie en la villa y pregunta por ella te hace sentir bien recibido. La conocimos hace algunos años, en ese momento teníamos un proyecto de hacer un centro cultural ambulante para los niños y niñas de ese lugar, que puedan aprender distintas artes con invitados y talleres. Desde ese momento sentimos la pulsión de hacer cosas con Raquel. Descubrimos que tiene una conexión y un deseo irrefrenable de mejorarles las oportunidades a los niños y los jóvenes del lugar. Es realmente contagioso”, agrega Colamarino.

En el fondo, la “Vidala para dormir a un chango pobre”, de Antonio Nella Castro y música de Hilda Herrera, adaptada para que sea la “Vidala para Raquel” y con la voz de Mariela Carrera. “Sabíamos que la historia de Raquel había que contarla. Es una historia de amor, que no son abordadas. La villa siempre es ese lugar de la inseguridad, donde hay muchos estereotipos, no se cuentan historias como la de Raquel que laten en cada asentamiento popular. Ella simplemente es una líder natural que está en un lugar, en este caso con muchas situaciones de vulnerabilidad y que decidió no quedarse quieta y mejorar la situación de varios que la rodean, y lo logra. Eso nos fue motivando para contar esa historia de amor”, concluye Colamarino y subraya el pedido para seguir ayudando a los chicos de El Chaparral.

Mirá el corto documental de la historia de Raquel.